Ediciones Orlando

LA CULTURA

lunes, 22 de octubre de 2012

Edición El libro y su proceso de producción














Edición - El libro y su proceso de producción


por Red Gráfica Latinoamérica

Si bien el libro de acuerdo a los últimos indicadores pierde participación en el mercado de la impresión, este "amigo" que cambió al mundo desde que Gutenberg industrializó el proceso inventando los tipos moviles, ahora se mueve al campo de la impresión digital y por demanda, pero hoy vamos a revisar el proceso editorial para la creación de un libro.

Para la creacion de un libro existen pasos claves que se deben tener en cuenta para un óptimo resultado.

Para empezar es importante tener referencias de lo que se quiere; para esto es recomendable ver otros libros y publicaciones que den una idea acerca de materiales, diseños, colores, tamaños, acabados. Luego se elaboran bocetos, de la portada, de las paginas interiores, la forma de interacción del texto con las fotografias y/o las ilustraciones, la tipografia, etc.

Se empieza la diagramación creando un archivo en un programa adecuado (corel draw, indesign, quarkXpress). En este punto se definen parámetros como el tamaño, las márgenes de páginas, fuentes, páginas maestras y hojas de estilos.

Cuando el diseño este aprobado, será necesario tener el texto digitalizado en cualquier procesador de texto. Es recomendable tenerlo en formato FRT (Rich Text Format) para que en caso necesario puedan ser importados los estilos a los programas de edición.

Es importante que se establezcan las responsabilidades del contenido, porque la mayoría de veces el diseñador no está preparado para leer cada libro que diseñe y quizá el cliente no lo sepa. Generalmente esto es tarea de la persona encargada de la corrección de estilo. Pero es importante estar a tentos a errores en cualquier parte del proceso.

El siguiente paso es mostrarle al cliente pruebas de cubiertas e interiores para que haga correcciones y/o apruebe. La pruebas debes ser impresas en impresoras láser, ya que las impresoras de chorro de tinta saturan los colores y pueden mostrar diferencias en la representación del texto ( la fuente puede aparecer como bold sin que este así en el archivo original ).

Se hacen las correcciones de diseño según las indicaciones puntuales del cliente y se pasa el texto al corrector de estilo para que este haga también sus ajustes.

Cuando el archivo este aprobado, se le pedirá al impresor pruebas de color de portadas y páginas interiores (si llevan fotos o ilustraciones en policromía). Las pruebas de color garantizan una óptima reproducción del color impreso, similar al que vemos en la pantalla del computador. Estas pruebas son una guia también para el impresor.

Se procede con el material ya impreso a la encuadernación, que puede variar dependiendo de las necesidades del cliente y de las especificaciones de el libro. El tamaño del lomo del libro dependerá del número de páginas y por consiguiente de su ancho final. La encuadernación puede ser de varios tipos como son: rústica, en cartón, en tela y media tela, pasta y media pasta.

Si tenemos diseño con empaque se pedirán también pruebas y se verificarán que existan los estándares de impresión, como es el tamaño del código de barras, la información nutricional, números de serie, datos técnicos, etc.

El proceso de elaboración de un libro es largo y depende de muchas variables, es necesario mantener un control de calidad minucioso en cada una de las etapas del proceso para garantizar un resultado satisfactorio, tanto para el cliente, como para cada uno de los futuros lectores.

lunes, 15 de octubre de 2012

Mitos sobre la edición digital


La edición digital lleva años sumida en discusiones poco creíbles que calan en la sociedad y que provocan una visión alejada de la realidad

Alberto Vicente y Silvano Gozzer

 

El sector del libro está experimentando una serie de cambios que modificarán el panorama editorial español en pocos años. Las empresas se transformarán o, poco a poco, verán que el modelo de negocio actual no se adapta al nuevo escenario que impone la edición digital. No obstante, nuevas oportunidades están ya surgiendo de la mano de empresas tecnológicas y editoriales.

La edición digital lleva años sumida en discusiones tanto dentro como fuera del sector, muchas veces con argumentos que no son del todo creíbles pero que calan fácilmente en la sociedad y en el statu quo del sector. Exponemos algunos de los mitos más utilizados y que provocan un escaparate alejado de la realidad.

1. El libro digital matará a los libros impresos. Uno de los argumentos más utilizado sobre el avance de las nuevas tecnologías y el cambio de hábitos de los lectores es que el libro digital terminará acabando con el libro impreso. Optimistas tecnológicos, luditas sin reparos, románticos del papel, medios de comunicación, etc., todos ellos han promocionado esta idea, bien para defenderla o bien para atacarla, empobreciendo el debate.

Libros digitales o libros impresos no es la respuesta. Los soportes se irán adaptando a la demanda de los lectores. Y con ellos, los modelos de negocio. Si seguimos ese razonamiento los libros impresos existirán mientras los lectores los quieran y una editorial vea rentable producirlos. Todavía es muy pronto para vaticinar qué porcentajes de libros serán impresos y cuáles digitales. Lo único cierto es que cuando eso ocurra no nos daremos cuenta que está pasando, pues a los libros electrónicos habremos dejado de llamarlos así para llamarlos simplemente libros.

2. Los libros electrónicos deberían costar lo mismo que los impresos. Este argumento es apoyado por algunos editores, que pretenden establecer los precios de los libros digitales al mismo nivel que los libros impresos para no tener que cambiar su modelo de negocio actual. En un mercado incipiente, donde todo está por hacer, llevamos varios meses viendo intentos de establecimiento de precios o muy caros o muy baratos en relación a la edición impresa.

El problema es que en los libros físicos hay un modelo para establecer el precio por parte del editor en función de los costes de creación y producción, mientras que el formato digital exige un modelo más relacionado con el tipo de contenido y los hábitos de consumo (por suscripción, por descarga, en la nube, etc.). Por lo tanto, el reto es crear una estrategia de precios que sea independiente de la edición impresa, puesto que establecer un precio muy por encima de lo que está dispuesto a pagar el consumidor aleja la posibilidad de un encuentro entre oferta y demanda.

3. Los libros electrónicos no cuesta nada hacerlos y deberían ser gratis. Este argumento es esgrimido por los lectores que no están dispuestos a pagar nada por los libros electrónicos. Nada más lejos de la realidad. Un libro electrónico incluye gastos de autoría, traducción, corrección, diseño, marketing, promoción, comercialización, etc. Quizá el continente no vale nada pero el contenido sí tiene un precio. Demasiados años conviviendo con el modelo en papel ha provocado que el consumidor asocie el valor al continente y no al contenido. Es por eso que algunas editoriales que no dan valor a la versión electrónica (o comercializan ediciones con errores) solo contribuyen a agravar esta percepción.

4. Un libro electrónico no puede costar más de 3 euros. Podríamos llamarlo 'el argumento Amazon'. Incluir en el mismo saco todos los tipos de libros es un error. Los contenidos pueden ser de muchos tipos y representar cosas distintas para los lectores:  entretenimiento, ayuda técnica, desarrollo profesional, etc. Todo esto condiciona lo que los lectores están dispuestos a pagar por un libro digital. En mercados más maduros, como el americano, los hay desde los de 3 € hasta los de 60 €. Es decir, los precios tienen más que ver con el uso del contenido o con el modelo de lectura que con el formato en sÍ mismo.

5. Los lectores no quieren pagar por los libros electrónicos. Dentro de UN concepto tan abstracto como "los lectores" habrá algunos que no estén dispuestos a pagar y otros que estarían dispuestos a pagar si existiera una oferta que cubriera sus necesidades: un producto de calidad, a un precio competitivo y con una experiencia de compra aceptable. Si el año pasado, con el modelo actual aún imperfecto, al menos 1.500 personas estuvieron dispuestas a pagar por alguno de los ebooks más vendidos, deberíamos asumir que en un mercado más maduro esta cantidad se multiplicará. Demandas insatisfechas están generando actividades extramercado y creando en los consumidores el hábito de acceder a los libros sin pagar. Cuanto más se tarde en establecer un mercado sano de libros electrónicos más difícil será establecer un precio por los contenidos.

6. La autoedición acabará con los editores. Este argumento es esgrimido por los que piensan que la tecnología puede suplir el trabajo del editor. La tecnología no convierte a nadie en editor. Como mucho, pone al alcance de la mano de cualquiera la posibilidad de hacer un libro y de publicarlo, pero el trabajo del editor va más allá. Editar también es seleccionar el contenido y adaptarlo a los requisitos de los lectores (edición, corrección, traducción diseño, etc.).

Si bien es cierto que los nuevos entornos sociales han hecho que la propia opinión de los usuarios sirva como filtro para seleccionar el contenido (es el caso de algunos autores autoeditados de éxito) en la mayor parte de los casos esto solo se aplica a cierto tipo de contenidos, ficción sobre todo. En general, como lectores aún confiamos y confiaremos en la validación que nos da un editor, en especial con el exceso de información que hay en la Red.

7. El DRM impide la piratería. De todos es sabido los problemas que acarrea el uso de algún tipo de DRM para el usuario, dificultando en muchas ocasiones la compra del mismo, sobre todo con el de Adobe. Pasó en la música y está pasando en los libros. El hecho de incorporar un DRM a los libros no impide la piratería, dado que es relativamente sencillo burlarlos. O innecesario, puesto que la mayoría de los libros que circulan por la red provienen de versiones escaneadas. Este argumento ha sido utilizado por autores y editores. Sin embargo, no tiene ninguna base, dado que la piratería no ha decrecido a pesar de su uso masivo.


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