Ediciones Orlando

LA CULTURA

viernes, 22 de agosto de 2014

LA INDUSTRIA DEL LIBRO Y EL PAISAJE EDITORIAL PARTE I



FUENTE: REVISTA CHILENA DE LITERATURA
UNIVERSIDAD DE CHILE

PARTE I – extracto por INGRID ODGERS

En el mercado del libro chileno, con un promedio de aproximadamente 3500 títulos anuales reales , de los cuales entre 12 y 14% son autoediciones (la mayoría de poesía), ocupan un lugar preponderante en la producción e importación cinco o seis filiales de grandes conglomerados transnacionales, de holdings que son producto de compras y fusiones realizadas en las últimas décadas, nos referimos al grupo alemán bertelsman  que adquirió la propiedad de varias editoriales españolas, europeas y argentinas, y está presente en Chile a través de Random House Mondadori; al grupo Hachette Livre de  Francia (que participa en la propiedad de Salvat), al grupo Océano que trae a Salamandra  y a Gedisa; el Grupo Planeta a través de Planeta Chile y, en el campo educativo, el grupo Prisa, a través de Santillana. En general, son filiales que operan con autonomía local pero con un férreo control financiero por parte de la casa matriz, lo que se traduce en altas exigencias de rentabilidad anual. Como todas las industrias culturales, la del libro se encuentra en la encrucijada de la difícil y compleja relación entre el mercado y la cultura, en tiempos en que el mercado y las gerencias comerciales no le dan importancia a la función cultural y social que la industria implica.
 Una de las consecuencias de este modelo es que las filiales de las trasnacionales están por lo general restringidas al ámbito nacional, obligadas a privilegiar textos que sean “sandías caladas”, también a tener una fuerte presencia en otras instancias de la cadena del libro, como la distribución, las ferias y el mercadeo. Resultado de este modelo es la balcanización que se observa en la industria y consumo de libros en América Latina, en circunstancias de que las nuevas tecnologías permitirían –como nunca antes– un mercado latinoamericano transfronterizo, una circulación que tuviese como destinatario al público lector hispano hablante de todo el continente. Salvo excepciones, las novedades que se editan en los distintos países no circulan en el espacio hispanoamericano. Esta balcanización contrasta con la creciente globalización de los autores más significativos de la literatura latinoamericana contemporánea, como es el caso de Roberto Bolaño, que nace en Chile, se forja en México y triunfa desde España. También del peruano Santiago Roncagliolo. Incluso algunos autores caribeños biculturales como el dominicano Junot Díaz y el cubano Oscar Hijuelos escriben en inglés, la lingua franca de la globalización.
Forman también parte del paisaje editorial 45 editoriales independientes asociadas. Forman también parte del paisaje editorial 45 editoriales independientes asociadas en una agrupación con el mismo nombre, editoriales que publican entre 20 y 90 títulos anuales; se trata, entre otras, de las editoriales LOM, Cuarto Propio, RIL, Pehuén, Uqbar, Ceibo y Tajamar. Son editoriales que se arriesgan publicando géneros y temas que no abordan las editoriales transnacionales, nos referimos a la poesía, al ensayo, a temas étnicos, a la ficción de autores desconocidos, a temas de derechos humanos y memoria, teoría crítica, historia no oficial, testimonios, reediciones y propuestas feministas. Editoriales algunas de poca capacidad económica, que a menudo deben entrar en coediciones o recibir algún aporte, empresas que tienen grandes dificultades para cancelar los derechos de autor, pero que sin embargo juegan un rol significativo en la difusión de la creatividad y del pensamiento que se produce en el país, contribuyendo así a la bibliodiversidad. Hay también unas pocas editoriales nacionales del espectro comercial o de mayor trayectoria en el tiempo (estamos pensando en Catalonia y Zig zag) o subvencionadas por Universidades (Editorial UDP), editoriales que aunque no  forman parte de la agrupación de Editores Independientes, también contribuyen por su catálogo y por sus novedades a la bibliodiversidad. Completan el paisaje editorial unas 45 microeditoriales instaladas en los últimos años, a mi juicio un signo auspicioso. Son microeditoriales porque publican entre 1 y 15 títulos anuales, y en ocasiones ninguno. Son autogestionadas por colectivos de jóvenes que no sobrepasan los 35 años, jóvenes tanto de Santiago como de provincias (difieren  La industria del libro y el paisaje editorial  265 en ello del resto de las editoriales que funcionan solo desde la capital). Varias de estas microeditoriales son posibles gracias a una paradójica combinación entre manualidad  artesanal y nuevas tecnologías. Algunas apuestan a que el día de mañana una imprenta  láser será una máquina autosuficiente, de uso personal, con costura de pliegos incluida. Son microeditoriales que alimentan su “alternativismo” privilegiando la expresividad estética y social, situándose en las antípodas de la concepción comercial del libro, tal como lo indican algunos de sus nombres legales: Nutrición para el alma; Simplemente Editores; La polla literaria; Rabiosamente Independientes; Sangría, Chancacazo, Cuneta y pantalón Corto.
Producto de las nuevas tecnologías y de las redes sociales estos jóvenes paradójicamente se inclinan por el libro en soporte papel, incluso por el libro objeto (es el caso, por ejemplo, de Editorial Quilombo), de hecho casi todas ellas se han unido en una agrupación que se llama la Furia del Libro. Respecto a los criterios editoriales, uno de estos editores señala que “a diferencia de otras editoriales publicamos solo obras que nos apasiona leer”; “nos moviliza la ética del hazlo tú mismo”, y no tener que pasar por “la imprenta y por un viejo con los dedos cortados”. Las microeditoriales se abren a la diversidad creativa y varias de sus publicaciones se han alzado con los premios más importantes del país. Un fenómeno similar al de las microeditoriales chilenas se está dando, entiendo, en países como Argentina, Colombia y Perú. ¿Serán estas editoriales comercialmente viables en el tiempo? ¿Crecerán y dejarán por lo tanto de ser lo que son? ¿Conformarán tal vez una red latinoamericana de microeditoriales?¿O desaparecerán quedando solo como un recuerdo de juventud? Difícil saberlo, solo el tiempo lo dirá, en todo caso se trata de un fenómeno auspicioso y esperanzador en un mercado pequeño y algo deprimido, dominado por las transnacionales, y por una concepción predominantemente mercantil del libro (cabe señalar, empero, que las grandes editoriales en ocasiones también publican libros en que  3 se arriesgan. Recordemos que el grupo Planeta –siendo editor Ricardo Sabines– incentivó  –o más bien inventó– el mini boom de la hoy casi olvidada nueva narrativa chilena). Un tema que se discute es el alto precio del libro tanto nacional como importado; se  argumenta que Chile es uno de los pocos países en que el libro paga un IVA de 19%, uno de los más altos del mundo. Se vincula también el alto precio de los libros al crecimiento exponencial de la industria de la fotocopia, sobre todo en las universidades. La carestía también se debería al desequilibrio en el comercio internacional, particularmente entre España y Latinoamérica. En el año 2004, por ejemplo, según datos del CERLAL, España exportó a América Latina 236 millones de dólares en libros mientras que solo importó de la región 7,5 millones de dólares . Ello se traduce en que nos encontramos con obras como 2666 de Roberto Bolaño que cuesta en Argentina, donde se la edita con derechos solo para ese país, 23 dólares, mientras en Madrid cuesta 44 dólares y en Santiago 50,  la explicación es que a Chile se la trajo desde España. Más que de contenidos exitosos, el negocio de los grandes grupos está siendo cada vez más de orden logístico, de saber  5 cómo y cuándo colocar las fichas en los diferentes países de América Latina (la Saga de  Harry Potter fue un ejemplo).

En la industria del libro, sin embargo, no hay unanimidad –sobre todo entre los  grandes editores– sobre el tema del precio, hay quienes argumentan que se trata solo de un problema de prioridades, pues en conciertos de Marc Anthony, de Justin Bieber y de Shakira o en partidos internacionales de fútbol se ven largas colas con jóvenes y adultos de todos los sectores sociales pagando por una entrada un valor bastante más alto que el costo promedio de un libro. La mayoría (editores independientes y microeditoriales) coinciden empero en señalar que la rebaja del IVA sería una medida de importancia, que incidiría en el precio y en la valoración social del libro.

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