Ediciones Orlando


miércoles, 18 de mayo de 2022

PRÓLOGO DE LA NOVELA EL AGOBIO DE INGRID ODGERS- CONCEPCIÓN DE CHILE

 

La puerta esperanzadora del dolor

 

“Creo en mi corazón

el que yo exprimo para teñir el lienzo

de la vida…”.

Credo. Gabriela Mistral

 



Quisiera aquietar las aguas de las tormentas de este siglo con tantos sonidos, detener el tiempo, esos tiempos que, en estas páginas gracias a esta gran escritora, poeta, ensayista y editora, podemos dilucidar.

La gran poeta italiana Alda Merini nos recuerda - “… no tengo miedo de haber inventado esta mujer, no quiero que sea mi calamidad. Por esto le doy la espalda. Pero no puedo hacer menos que encontrarla…” 

 Y es en esta novela de característica absolutamente realista llevada de la mano verdadera y profunda de Odgers  un juicio testimonial de la vida de una mujer que en la templanza de cada ventana abierta vive la realidad más clara de su propia existencia : por una parte en el lugar donde ella a temprana edad vislumbra ese norte de su claridad sexual despertando el ser que no es distinto ni menos diáfano de lo que cada mujer vivimos, es solo esa diferencia de amor muchas veces mal percibida  por esta sociedad envuelta en el anfiteatro romano de las máscaras juzgadoras,  esa bestia saliendo a la arena sin comprender la diversidad del poder fuerte en uniones de espíritus, en el vínculo universal de almas más allá de los discursos académicos, es la poesía encarnada en la vida de cada ser es la estrofa de las metáforas que nos llaman a servir en distintas opciones enaltecedora de quienes tienen una profunda libertad de espíritu y amor, sobre todo de amor, ese amor que traspasa los límites de la palabra para ser y vivir en el alma de quien amamos danzando en las liras de nuestras propias rimas. Amor que en esta novela tiene nombre, figura y la realidad más sublime, noción y vivencia de lo que es el don más preciado, El Amor, simple palabra tan mal usada y tan llena de vida cuando quienes hemos experimentado la verdadera y profunda dimensión en el ser amado; un querubín en la cita de todo enamorado. Navegamos así por el hermoso timón de estas raudas letras, recibiendo notablemente en su conjunto cultural, el tiempo de experiencias tan esenciales llenando el vaso de agua de lo que somos y regamos en este confinamiento donde se ha dibujado la existencia humana en sus diversos momentos, con los matices más dispares, pero aun en su realidad tan dura y fuerte cruzan los limites  experimentales de todos los pinceles tónicos en que  de alguna manera hemos ido trazando en este gran cuadro pandémico.

 
Ingrid Odgers nos lleva a las cavernas escondidas de un tiempo vivido con la mayor claridad y vehemencia. Un relato de una profunda oralidad sumergiéndonos desde un vaso de whisky a la tristeza de ese adiós de Ximena, ese camino transitado donde hemos dejado cada uno de nosotros el dolor de las huellas en el gran misterio de la muerte, desgarro que solo pudo ser narrado hoy en la voz de este hablante lirico, pues en un lenguaje nuestro nos configura las notas de un puzzle vivido por una mujer en la lucha de su identidad esa fuerza que nos convoca en la lectura de todas sus verdades.

 Quisiera recordar los cuentos de Bocaccio en la época de la peste de Venecia como fueron capaces ellos de dar vida a relatos que nos acompañan hasta hoy.  Pero Ingrid va más allá, nos tira de ese timón desnudo por el mar donde cada uno de nosotros hemos navegado en este tiempo tan absurdo y cruel llamado Pandemia. Nos relata la vida en sus distintas formas, pecados, dolores, enfermedades, un diseño en acuarelas casi translucidas de lo que cada uno en este país tan largo y a veces amargo somos capaces de plasmar. No debo dejar de mencionar la gran admiración de la autora por la poetisa Gabriela Mistral recordando estos versos… - “Donde haya un árbol / que plantar, plántalo tú. / Donde haya un error que /   enmendar, enmiéndalo tú/ Donde haya un esfuerzo que/ todos esquivan, hazlo tú. / Sé tú el que aparta/ la piedra del camino” … - En estas páginas nos sorprende la escritora hablando en primera persona de todos los momentos oscuros de la vida y como galopando por estos versos Mistralianos descubrimos la entereza de todas las mujeres capaces de sobrevivir y transformar nuestro universo con la profundidad de una vasija plagada de temblores que nacen de todas las miradas, ella logra llevar el agua que vierte vida.

Una mujer escritora, fuerte y vulnerable como un puñado de lo que somos todas en este mundo, una mujer que es capaz de ser insolente, pero honesta. Gabriela Mistral nos despierta siempre en sus escritos esta misma luz, el camino donde desde el alba se deben derribar los ingratos muros de la verdad de una sociedad como la nuestra, donde las renuncias son muchas veces las alas de una profunda soledad. Pero ella Ingrid Odgers lucha para ver y ser testimonio de lo que hoy cada madre, hermana, hija, amante, amiga entrega a los suyos en los diáfanos encuentros de este relato.

Estas páginas están llenas de humanidad, fortaleza y la fuerza eterna de la valentía. El escritor español Luis García Montero nos recuerda: - conciencia de las herencias -; y en esta novela de modo sorprendente guía nuestra mirada ante la mayor verdad de la poesía y la prosa vivida en todo su legado, dejando una ventana abierta a lo que como sociedades universales hemos vivido.  El desgarro del amor enfrentado a la profundidad de la fe a la elocuencia de la mirada más allá de todas las verdades, al poder que ejerce el destino frente a la pérdida de un hijo, porque en su gran empatía de mujer nos vemos en el espejo de su sabiduría. Es la vida en todos sus efímeros y reales momento, es el camino que cada héroe persistente debe andar, es la montaña oscura en cada uno de nosotros debe ser rayo iluminador con la fuerza de las espadas que devuelven la vida en pensamiento y amor.  Así son estos desafiantes relatos, no son viento de soplo, son espuma que no cambia su razón.

Solo resta recordar las palabras introductorias anunciadas por el poeta: - En el medio del camino de la vida, me encontré en una selva salvaje oscura… - en estos relatos somos capaces de salir del infierno de Dante y dejar que la escritora nos hable: …- Solo una lección, vivir el presente y vivirlo en paz, supongo que es la obediencia que el destino exige” …

Nos enaltece al descubrir el llamado de ser luz cada día sabiendo que aquí entre los bosques y el río podemos decir que el destino con una autora de este tamaño tiene solo una estrella de fin.

 

Susanna Pallavicini

Escritora -editora

PRÓLOGO DEL LIBRO EL LUGAR DE LAS PIEDRAS ARDIENTES DE ANDRÉS CASTILLO -CORONEL CHILE

 

EL LUGAR DE LAS PIEDRAS ARDIENTES

ANDRES CASTILLO

EDICIONES ORLANDO 2022

PRÓLOGO

Por Ingrid Odgers Toloza

 

 


La narración es capital entre todas las formas de arte verbales porque constituye el

fundamento de tantas otras, a menudo incluso más abstractas.

Walter Ong

 

 

El libro tiene un protagonista principal, Iranio y el escenario primero es un pueblo llamado Tulahuén [1]. De la pluma del escritor recorremos los yacimientos de Ausonia, Pampa Unión, una salitrera que existía al noreste de Antofagasta. Conoceremos al padre de Iranio, llamado Federico, que es hijo de madre irlandesa, la madre de Iranio era diaguita. Presenciamos la realidad de un pueblo campesino y pobre, donde la miseria se incrementó durante la primera guerra mundial, al poco tiempo los alemanes concibieron el salitre sintético para fabricar pólvora, cuando este mercado se globalizó, el comercio del salitre natural sucumbió. Pampa Unión había comenzado a cerrar todas sus operaciones salitreras. Todo acontece a inicios del siglo XX, la época del Charleston. Iranio crece en la miseria y con el apoyo de un sacerdote logra educarse y llegar a Superintendente de Minas más tarde en la mina de carbón de Schwager, en Coronel, pero su infancia y adolescencia se desenvuelve entre la pobreza, la falta total de afecto, la violencia del entorno y el duro trabajo en las salitreras y luego en el carbón.

 

Es este un libro escrito con claridad, un libro que ilumina, que abre puertas y a su vez senderos, es posible salir de la pobreza con un estoicismo casi heroico, una serenidad que nos deja perplejos, un trabajo duro, extenuante, y un deseo firme: trabajar, trabajar, porque se es el sustento de la familia. No hay amor más grande que este, lo refleja Andrés Castillo en su relato, a través del protagonista, tan nítido como potente y esta percepción estremece fuertemente, y esta lucha se adhiere al ser interior con la intensidad del relato, es imposible no conmoverse.

Todos sabemos que la narración contiene dos grandes niveles de desarrollo [2], el de los hechos (que interiorizamos en referencia a los temas que circulan histórica y cotidianamente) [3] y, el nivel de subjetividad.

Entonces se puede afirmar que la acción de narrar algo, contar algo en forma escrita es inherente al ser humano, es propio de hombres y mujeres y cada narración o escrito nace de lo cotidiano, de las vivencias del escritor en sus propias interpretaciones según como perciba o dilucide el objeto de su narración.

Precisamos que la narración es ejercida tanto por el que cuenta como por el que la recibe, de esta forma se transforma en una serie narrativa que trasciende tiempos, muda lo banal, redibuja lo cotidiano, en definitiva, resignifica aquello que se mantiene en el tiempo en la memoria, en la voz de las microhistorias humanas ofreciendo sentidos dentro de lo inesperado.  La dura cotidianeidad el autor la refleja plenamente y conocer esta historia no puede dejarnos indiferentes.

Creo haberlo dicho anteriormente, respecto a la relevancia de las obras de Castillo Aguilera, registran el patrimonio cultural inmaterial de la zona del carbón, cuando decimos esto nos referimos a la producción humana misma, a la forma en que se expresan individuos y se relacionan dentro de las sociedades, o a cómo los grupos humanos se diferencian de otros. No creo que exista otro autor, en este siglo XXI, que haya dejado impreso este rescate inmaterial del trabajo minero, de la realidad cruda y verdadera con tanta visión, estudio y pasión para dejar a las nuevas generaciones el legado, el tesoro de la memoria de un pueblo esforzado, valiente y diligente en su trabajo diario, donde tantos hombres forjaron su carácter y supieron salir adelante con el mismo empuje, la misma fuerza con la que realizaban sus labores.

Esperamos que este libro pueda llegar a la gran mayoría de chilenos y chilenas, como un valioso aporte a nuestro patrimonio cultural.

 

 Fragmento.

El pájaro chucao comenzó a tronar en el bosque, canto, que sólo se le oía a intervalos, lejos del hábitat del hombre. Era un canto sorprendente que Iranio no había escuchado nunca, pero le atraía.  Un canto profundo y primitivo. Largo rato se quedó en vano intentando ver desde dónde provenía; de entre los árboles o de los arbustos; y como no lo logró se sentó resignado en un tronco escuchando el extraño sonido que le parecía provocar un trance.

¡Lástima que no sea capaz de hablar con las aves o los animales como lo haces tú Michi! —le dijo Iranio.

¡Qué hermoso sería hablarle a esa ave de canto misterioso; y peguntarle algo de lo cual ella quisiera hablar; de su vida en el bosque; de sus amores; de sus hijos; de sus sueños o de sus penas!!

Acordóse entonces de las veces que dibujaba con un carbón toda suerte de aves en bosques sombríos, de gruesos troncos enervados y gigantes. Ahora ya no necesitaba dibujar porque ante tal incomprensible y verdadera belleza se emocionaba, y en aquel amanecer, cuando observó salir el sol por detrás de la montaña, le ocurrió aquello que ya le había sucedido. Los colores de la aurora y el canto infinito de avecillas que despertaban al ritmo del firmamento; le hizo caer lágrimas de gozo, pero no ese gozo de felicidad que genera un éxito repentino, sino un llanto de dicha, incomprensión y dolor como si estuviese viendo al mismísimo dios, al verdadero. Cuando Michi lo miró a los ojos, Iranio disimuló su llanto como si fuese resultado de una risa, pero su fiel amigo guardó silencio hasta que las lágrimas se evaporaron al son de la brisa mañanera, se volatizaron, como el vapor que generaba la fuerza para el enganche de la locomotora.

 

  

Concepción, 28 de febrero de 2022