EDICIONES ORLANDO

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UNA EDITORIAL DIFERENTE

sábado, 26 de marzo de 2016

La Poesía se Sienta a Tomar Café en un Jardín de Juan Polizzi, por la Poeta Mío Araujo


Por Mío Araujo

            Conservando los cuidados que demanda el ritual de leer, preparo el café. Dejo la pista de humo hacia mi escritorio y al abrir el texto de Polizzi, salen eyectados versos de todos los colores, de diversas hojas, pétalos, cortezas. Una fauna de plurales especies camina, se desliza, ondula vuela y en la oficina el perfume del café inicia una danza ancestral con la fragancia a tierra recién bañada, a higos maduros y geranios dormidos:
Busco afanoso un no sé qué
para plantar en el jardín
entre la higuera y los geranios.

            El libro de Polizzi nos invita a leer primero una poesía cargada de jardín. El palto, el geranio, la tierra el gusano, el pájaro la pueblan y nos ofrecen sus sonidos y oficios. El cuadro temático en su lírica es amplio. Aborda los temas del amor y la muerte de una forma sutil, delicada en un portavoz masculino que se sabe de bien, tal como lo manifiesta en Autorretrato:
Soy el hombre fantástico
el que comulga los domingos
se peina, usa ternos y
comparte con el prójimo.

            El tema de la muerte se circunscribe a la reverencia de los antepasados, al reconocimiento de la identidad que se forja en la herencia y en los propios afanes de vivir, como se deja ver en Fascinación:
Yo me aferro a mis muertos
los recuerdo
los veo
y mi propia vida
da pasos al pasado
al volver por sus caminos.

            De igual manera, enmarca en el aspecto metafísico del concepto de la vida más allá de la existencia presente como lo hace en La Ciudad de Los Muertos cuando dice: “¿Será que los muertos olvidan sus vivos?” y en Preguntas:
¿Cuál es el lenguaje de los muertos?
¿Cuál es la razón de su silencio?
¿Dónde se abastecen de paciencia?
¿Estarán compartiendo mis dolores?
¿Entenderán ahora que están muertos?

            El grito de lucha que el poeta lleva siempre en su garganta, como lo hiciera Martí o Pérez Bonalde. La poesía es el vaso que contendrá su testimonio, su querella contra la injusticia, tal como lo dijese el argentino José María Memet: “yo creo que mientras subsistan las condiciones de explotación, miseria e injusticia, no solamente en nuestro país, sino también en otros países, sobre todo del tercer mundo, yo creo que un poeta no puede desligarse de eso.” Polizzi honra su estampa de poeta genuino al hacerse parte del mundo que lo rodea. Bastaría leer Presagio para atisbar su preocupación sobre el destino de su tierra, Asilo Poético, versos que desgranan su indignación frente a los vejámenes de los cuales su patria ha sido objeto.

            El manejo del lenguaje se entreteje entre símbolos y metáforas bien logradas. La serpiente encabritada en Presagio, anuncia oscuros porvenires. La presencia del árbol, la tierra, da cuentas de una poesía arraigada a los orígenes de su autor, señala el amor del escritor por el lugar que lo vio nacer. Y me quedo con el manejo alegórico del encuentro carnal bajo una lluvia de granos de trigo que nos entrega en Madreselva, poema que acopia, a mi parecer, todo el bagaje lírico de Parizzi:

El viento fue el cómplice
que levantó tu enagua
y desató los instintos
aquella tarde de flores amarillas
en las praderas junto al Andalién
y formamos la pira
donde se consumió hasta el río
y los peces gritaron demandando agua
En cama de hierbas y piedras
se entonaron nuestros himnos
huyeron asustados los zorzales
granos de trigo llovieron
sobre nuestros cuerpos
El viento fue
y ni tú ni yo
ni pensamiento alguno.
Nunca supe tu nombre
y te llamé Madreselva.

            Ahora, La Poesía y yo salimos al jardín a sentarnos en el sofá de mimbre. Nos servimos una nueva taza de café para procurarnos el deleite de leer los Cuentos y Relatos que el libro nos regala al final del día.

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Orlando Novela de Virginia Woolf




Nacido en la Inglaterra del siglo XVI, Orlando pertenece a una familia noble, cuya posición privilegiada le permite codearse con la realeza. Su juventud consigue ganarse los afectos de la anciana reina Isabel, quien lo cubre de honores y privilegios. Tras el fallecimiento de la reina, Orlando conoce a la princesa Sasha en la coronación del nuevo monarca. Emparentada con el embajador ruso, su breve estancia en el país es suficiente para marcar la primera experiencia amorosa en la vida de Orlando. También se convierte en su primera decepción, cuando cree vislumbrar a su princesa en manos de otro hombre. Sasha consigue convencerlo de lo contrario y acuerdan huir juntos dándose cita en cierta taberna a la medianoche, pero Sasha no acude a la cita. 

Orlando se retira a su casa de campo, donde duerme siete días de corrido. Encuentra refugio en la soledad, en los libros y en la escritura de poemas y romances. Admirador de la obra de Nick Greene, un famoso poeta de la época, decide invitarlo a pasar unos días en su residencia. Orlando disfruta la compañía de su invitado, aún cuando éste se queja amargamente de su pobre estado de salud y de asegurar que la poesía ha muerto en Inglaterra. Greene acorta súbitamente su estancia, asegurando que no ha podido dormir a causa del silencio que reina en la casa. Orlando accede otorgarle una pensión -tema que el mismo Greene ha insinuado en sus conversaciones previas- a cambio de su opinión sobre “la muerte de Hércules”, una de sus obras. Greene aprovecha la experiencia para escribir un nuevo poema, satirizando a su anfitrión con pormenores que lo identifican fácilmente, incluyendo algunos pasajes de “la muerte de Hércules”, que encuentra extremadamente mundano y rimbombante. 

Tras leer el poema de Green, Orlando decide quemar su producción poética de 57 obras, conservando sólo “El Roble”. Harriet, una joven archiduquesa, muestra un sofocante interés por el joven mediante frecuentes visitas a su mansión. Orlando no encuentra otra vía de escape que solicitar al rey una comisión como embajador a Constantinopla. Allí, cae nuevamente en un profundo sueño que dura siete días. Los turcos se han levantado en contra del sultán, masacrando y torturando a los extranjeros que encuentran a su paso, pero Orlando escapa a tal suerte, gracias al profundo sopor que lo hace pasar por muerto. Al despertar, descubre que se ha transformado en mujer. Con la ayuda de una gitana, escapa de Constantinopla y empleando una perla de su collar, consigue embarcarse con rumbo a Inglaterra. 

Al llegar, se encuentra inmerso en disputas legales derivadas de la presunción de su muerte y el cambio de sexo, ambas contrarias a la posibilidad de retener sus propiedades. Al encontrarse nuevamente con la archiduquesa Harriet, descubre que en realidad es un hombre quien, enamorado de Orlando, se disfrazó de mujer, procurando así su cercanía. Harriet reinicia sus propuestas amorosas con renovado fervor. Excepto por la inversión de los roles sexuales, el cortejo resulta igualmente fastidioso. Orlando consigue despertar su indignación al hacer trampa en un juego que consiste en apostar sobre cuál terrón de azúcar se posará una mosca y de inmediato parte hacia Londres, donde frecuentará a los poetas y pensadores de la época. Su aspecto se ha estancado alrededor de los 30 años de edad, aunque han transcurrido más de 300 desde su nacimiento. Así, Orlando atestigua la niebla que se posa sobre la isla al inicio del siglo XIX, coronándola permanentemente en un clima de lluvia y humedad. 

Durante una caminata por el campo, tropieza accidentalmente y es asistida por Marmaduke Shelmerdine, un marino que sólo aguarda la llegada del viento sureste para levar anclas. Ambos entablan una relación amorosa y contraen matrimonio abruptamente cuando el viento comienza a soplar. Shelmerdine parte hacia el cabo de hornos y Orlando regresa a casa para finalizar el manuscrito de “El Roble”. Emprendiendo su primer viaje en tren, parte hacia Londres para que sea publicado y en la calle encuentra casualmente a Nick Greene, quien la invita a comer. Greene promete ayudarla y conserva el documento para encargarse de su publicación. Eventualmente, su obra le otorga cierta fama y reconocimiento a principios del siglo XX. Orlando visita el roble que solía frecuentar en sus días de juventud. Ubicado en lo alto de una colina, la vista domina varios condados, el palacio familiar y en días despejados, el estrecho de Gibraltar. Desde allí, percibe el retorno del navío en el que ha partido Shelmerdine. Es el 11 de octubre de 1928. 

Orlando es una novela con tintes autobiográficos, particularmente relativos a la relación sentimental de Virginia Woolf con Vita Sackville-West, una poetisa y novelista aristocrática que hacia finales de la década de 1920 se convirtió en su amante. La novela está dedicada a Vita y las tribulaciones legales de Orlando en relación a su herencia perdida están basadas en su experiencia, ya que las leyes de la época sólo contemplaban la primogenitura masculina. En consecuencia, Vita  no pudo conservar Knole House, una de las casas más grandes de Inglaterra con 365 habitaciones, 7 patios y 52 escaleras.  

Reseñado por Litteratum

viernes, 25 de marzo de 2016

Características de un buen poema


UN POEMA DE PESSOA/CAEIRO
por sergio gomez garcia


XIII
Leve, leve, muy leve
pasa un viento muy leve
y se va también muy leve.
Y no sé lo que pienso,
ni quiero saberlo.
(Poesía completa de Alberto Caeiro. El guardador de rebaños. DVD Ediciones. 2009. Barcelona. Pag 63).

Este poema recoge tres de las  características que, para mí, ha de tener un buen poema. Las explicaré más adelante.
¿Por qué lo he elegido? No es el más conocido de Pessoa. Quizá tampoco sea el más representativo del estilo de Alberto Caeiro, su heterónimo. Muchos de los poemas del poeta filósofo se mueven en la cadencia de la prosa más cercana al discurso filosófico que al poético. Su rasgo esencial es la simplicidad. Sin embargo, aquí se  recoge esa característica por medios antitéticos al resto. En la mayoría de ellos huye de los recursos retóricos propios del lirismo, como las repeticiones presentes en éste. Huye también de la rima que, no obstante, aquí se encuentra. Sin ir más lejos el poema XIV del libro comienza con el siguiente verso: “con las rimas no me llevo bien”. Huye de la adjetivación, que no expresaría su visión realista. Este poema se construye alrededor de un adjetivo sencillo pero lleno de misterio: leve.
Sorprende por todo esto. Por eso lo he elegido y  aunque sea estilísticamente antagónico al resto conserva el espíritu del resto del libro: la sencillez y la idea antimetafísica de que prefiere la visión del mundo al pensamiento: “pensar es estar enfermo de los ojos” (poema II). Para mí es el que mejor transporta a un lugar, a un momento, más allá de los conceptos. Consigue concretar en imagen el concepto. Uno ve como el viento pasa, lo siente, parece tenerlo en el cogote. Y lo hace de una manera sencilla, natural. Los recursos utilizados no se notan. El autor desaparece. Al encontrar las palabras justas ha conseguido que lo importante sea el tema, lo que ocurre, el objeto. Los dos últimos versos son una alteración abrupta con respecto al ritmo de los tres anteriores. Pero están perfectamente integrados a través del sentido. Los pensamientos son como el viento leve que se marcha. No tienen importancia. Lo importante es ver, tocar, vivir. Pensar es una traición a lo que el hombre es en relación a la naturaleza, una cosa más. Esto es lo que nos quiere decir Pessoa.

Lo que yo aprendo:
1)      El poema transporta, lleva a un lugar. Lo hace creando imágenes.
2)      Cuidado con la vanidad. El poema es más importante que el autor. El autor sobra. Es, como la carabina que acompaña a una pareja, molesto cuando se entromete en la relación lector/obra.
3)      El poema concreta un pensamiento. Es la mayor dificultad de la poesía, encontrar la imagen que explique nuestra reflexión sin intento de convencer con argumentos. Para eso está la filosofía.

Publicadas por ingrid odgers a la/s 1:47 a.m. 
Etiquetas: Características de un buen poema, notas ingrid odgers